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Crónica de Jornada de Caza

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Crónica de Rececho 

 
 
Autor: Manuel  
2503  
 
Crónica
 
Peluca, sueño corcero del cazador.

4 de abril.

Como todo fin de semana, me disponía a subir a mi humilde finca situada en un pueblecito perteneciente a Guadalajara y como siempre con la inmejorable compañía de mi hermano menor.
Durante el trayecto hacia la finca, debatíamos donde situarnos para disfrutar de algún lance a un buen corzo. Decidimos ponernos separados, él se iría a la parte de los robles y yo me quedaría en una siembra en la que solo conocíamos la aparición de un par de hembras. Tras la calurosa mañana, caía la tarde y con ella aparecían las primeras hembras a la siembra pero ni señal de algún macho hambriento del aún verde trigo. Ya, con los últimos rayos de sol daba la aparición un macho, que tuvo la suerte de aparecer en la otra punta de la siembra y debido a la escasez de luz, decidí no tirar porque no estaba seguro del tamaño del animal. Sólo veía un mazacote en la cabeza pero no sabía si era el contraste con el monte del que estaba próximo o era su cuerna. Eso sí, pensé que mañana a primera hora iba a buscarle con mi hermano para ver que animal se trataba y ver si había acertado en dejar el lance pendiente.

5 de abril.

Amanece temprano, y aun con el rocío en pleno auge nos dirigimos mi hermano y yo a la siembra del día anterior. Tras media hora de caminata sin hacer ruido alguno y echando corzos de menor porte, llegamos a la siembra donde de momento una tímida cochina hacia acto de presencia con sus jóvenes rayones. Decidimos esperar hasta que el sol calentara la siembra y dicho y hecho, a las 9 dio cara una joven hembra que entraba a la carrera a la siembra. Empezó a comer tranquila sin que nada ni nadie la molestara, eso si, cada poco miraba hacia el monte como si estuviese esperando a alguien… Et voilà, ahí aparecía por fin nuestro corzo, a unos 250 metros de nuestra posición, prismáticos en mano y sorpresa, el corzo de ayer era un peluca. Yo muy calmado le dije a mi hermano, venga apóyate bien y sobretodo no le mires la cabeza, espera que se ponga bien dando su lado… venga ahora le tienes perfecto, cuando quieras! Boom! Tiro certero y directo al codillo.
Tras las correspondientes felicitaciones y abrazos, fuimos a ver al corzo y allí estaba, nuestro peluca y digo nuestro porque aunque el haya apretado el gatillo, el lance y la experiencia vivida es de los dos. Cazar no es solo apretar el gatillo y colgar el trofeo en la pared. Para nosotros la caza se vive desde el principio, con la experiencia, la compañía y los buenos ratos.
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